miércoles, 17 de febrero de 2010

MAX HEINDEL ENSEÑANZAS DE UN INICIADO-PREFACIO









MAX HEINDEL

ENSEÑANZAS

DE UN INICIADO

SEXTA EDICIÓN

THE ROSICRUCIAN FELLOWSHIP

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PREFACIO

Este volumen de los escritos por Max Heindel, el místico occidental, es el que abarca y
encarna los últimos mensajes que envió en cartas mensuales a sus estudiantes. Estas
lecciones, reimpresas después de que aquella gran alma fue llamada a un trabajo mayor en
los mundos superiores el día 6 de enero de 1919, pueden hallarse en los libros siguientes,
además del actual: "Masonería y Catolicismo", "El Velo del Destino", "La Interpretación
Mística de Navidad", "Los Misterios de las Grandes Operas", "Recolecciones de un místico"
y "Cartas a los Estudiantes". Estos trabajos comprenden las últimas investigaciones de este
vidente iluminado.
Los mensajes provechosos y el estímulo espiritual que los lectores han recibido de las
palabras inspiradas de los volúmenes anteriores, sabemos que han tenido unos efectos
trascendentales. Asimismo, presumirnos que con el correr de los años los estudiantes
avanzados e investigadores respecto de líneas de orden místico y oculto, comprenderán mas
y más el verdadero valor de las obras de Max Heindel. Sus palabras llegan a lo más
profundo del corazón de los lectores. Muchos de los que han leído su primer trabajo
"Concepto Rosacruz del Cosmos", han quedado cautivados por él.
Max Heindel, que fue el mensajero elegido y autorizado de la verdadera Fraternidad u
Orden Rosacruz, vivió las enseñanzas que enseñaba. Solamente uno que haya sufrido
físicamente, como él sufrió durante toda su vida, es capaz de hacer vibrar las fibras del
corazón de la humanidad. Únicamente uno que como él haya sentido los dolores de un
nacimiento espiritual que le admitió en los planos del alma, puede escribir con el poder de
cautivar a sus lectores. Como resultado de su nacimiento espiritual los escritos de Max
Heindel que él legó a la humanidad pueden fructificar y dar fruto. Ojalá los lectores de este
libro puedan sentir los latidos del corazón de este gran espíritu amante de la humanidad,
quien sacrificó su propia existencia física en su deseo de impartir al hombre las verdades
maravillosas que él recogió por medio de su contacto con los Hermanos Mayores de la
Orden Rosa-Cruz.

AUGUSTA FOSS DE HEINDEL

LOS DÍAS DE NOÉ Y DE CRISTO

CAPÍTULO I


LOS DÍAS DE NOÉ Y DE CRISTO

Cuando Nicodemus vino a Cristo y le oyó hablar de, la necesidad del renacimiento, preguntó:
"¿Cómo pueden ser estas cosas?" También nosotros, con nuestro afán de investigación,
anhelamos muchas veces más luz sobre las distintas enseñanzas que se refieren a nuestro
porvenir. Es una ayuda para nosotros cuando sentimos que estas enseñanzas se adaptan a
hechos físicos conocidos por nosotros. Entonces nos parece que tenemos un fundamento más
sólido para nuestra creencia en cosas que aun no hemos comprobado.
La tarea del autor de este libro ha sido la de investigar hechos espirituales y relacionarlos con
los físicos, de tal modo que satisfagan la razón y preparen de este modo el camino de la fe.
De esta forma ha tenido el privilegio de iluminar para las almas aspirantes muchos misterios
de la vida.
Recientemente se hizo otro descubrimiento, el cual, aunque parezca estar tan lejos de
contacto con la venida de Cristo, como el Oriente dista del Occidente, proyecta mucha luz
sobre este acontecimiento y ante todo sobre la manera de nuestro encuentro con el Señor "en
un abrir y cerrar de ojos", como dice la Biblia. Nuestros estudiantes saben perfectamente que
al autor no le agrada nada contar sus experiencias propias, pero alguna vez, tal en el caso
presente, parece necesario hacerlo así, y pedimos al lector que nos perdone si empleamos el
pronombre personal "yo" en el relato de este incidente.
Una noche, hace algún tiempo, mientras me hallaba en camino hacia un país lejano donde
tenía que cumplir una misión, oí de repente un grito. Aunque la voz humana puede ser oída
solamente en el aire, hay tonos superiores que se oyen en las regiones espirituales, a
distancias que exceden a las atravesadas por la telegrafía sin hilos. Este grito, sin embargo,
venia de cerca, y yo estuve en el lugar del suceso en un instante, pero no lo bastante pronto
como para prestar la ayuda necesaria. Hallé a un hombre resbalando por un terreno abrupto,
sin vegetación, de unos doce pies de ancho, y como luego pude comprobar, casi liso, sin la
menor grieta donde se pudieran asir los dedos. Para haberle podido salvar hubiera tenido
necesidad de materializar los brazos y hombros, pero no había tiempo. En un momento hubo
resbalado por el borde del precipicio y cayó al fondo, probablemente hasta varios miles de
pies de profundidad, aunque no estoy muy seguro, pues tengo poca facilidad para esta clase
de apreciaciones.
Empujado por un sentimiento natural de fraternidad humana, yo fui detrás de él, y en la
bajada observé el fenómeno que es la base de este artículo, es decir, que cuando el cuerpo
hubo alcanzado una velocidad considerable, los éteres que componen el cuerpo vital
empezaron a esparcirse hacia fuera, y cuando el cuerpo chocó abajo contra la roca, quedando
como una masa desfigurada, ya quedaba poquísimo éter en él si había algo.
Pero gradualmente los éteres se reunieron entonces, tomando forma, y flotaban con los
vehículos más finos por encima del cuerpo aplastado; pero el hombre estaba completamente
atontado e incapaz de darse cuenta del hecho de su modificado estado.
En cuanto vi que toda ayuda era inútil por el momento, me marche; pero meditando sobre el
asunto me pareció que algo fuera de lo común había sucedido y que me incumbía el deber de
averiguar si los éteres salían de este modo de todo cuerpo que cae, y en el caso afirmativo,
por qué razones. En tiempos pasados esto hubiera sido difícil de investigar, pero hoy en día
los aviones ocasionan muchas victimas, especialmente en estos desgraciados tiempos de la
guerra. Fue por consiguiente fácil de poner en claro el hecho de que, cuando un cuerpo que
cae ha alcanzado cierta velocidad, los éteres superiores salen del cuerpo denso, y el hombre
que cae se hace insensible. Cuando el cuerpo llega al suelo queda destrozado, pero el pobre
hombre puede recuperar el conocimiento cuando el éter se haya reorganizado de nuevo.
Entonces empezará a dolerse de las consecuencias físicas de la caída. Si la caída continúa
después de la salida de los éteres superiores, la velocidad aumentada disloca a los éteres
inferiores y el cordón plateado es todo lo que queda unido al cuerpo. Este se rompe en el
momento del choque contra el suelo, y el átomo-simiente pasa al punto de rotura, donde
queda detenido en la forma usual.
De estos hechos llegamos a la conclusión de que es la presión normal del aire la que retiene
al cuerpo vital dentro del físico. Cuando nos movemos con una velocidad anormal, la presión
es alterada en algunas partes del cuerpo donde se forma un vacío parcial, con el resultado
posterior de que los éteres salen del cuerpo y fluyen dentro de este vacío. Los dos éteres
superiores, que están muy ligeramente unidos, son los primeros en desaparecer y dejan al
hombre sin sentido después de haber producido el panorama de la vida con la rapidez de un
relámpago. Después, si la caída sigue aumentando la presión del aire delante del cuerpo y el
vacío detrás, los éteres inferiores, más sólidamente atados, salen también empujados por la
fuerza, y el cuerpo muere antes de llegar al suelo.
Examinando a cierto número de personas de salud normal, se ha visto que cada uno de los
átomos prismáticos que componen los éteres inferiores, está irradiando líneas de fuerza que
inducen a los átomos físicos, en los cuales está insertado, a hacer un trabajo de tejido,
dotando de vida al cuerpo entero. La dirección única de todas estas unidades de fuerza es
hacia la periferia del cuerpo, donde constituyen lo que se llama el “fluido ódico” consignado
también por otros muchos. Cuando la presión del aire desde fuera es disminuida por la
residencia en grandes altitudes, se manifiesta una tendencia a la nerviosidad, porque la fuerza
etérea de dentro sale fuera con fuerza incontenible; y si el hombre no fuese capaz de impedir
parcialmente esta emanación de energía solar por un esfuerzo de la voluntad, para vencer esta
dificultad, nadie podría vivir en semejantes sitios.
Hemos oído hablar del "estallido de las granadas" y hemos visto que muchas personas que no
presentaban la menor herida se habían, sin embargo, encontrado muertas en el campo de
batalla. En efecto, hemos visto y hablado con personas que habían perecido de esta manera,
pero que no se podían explicar el por qué de su muerte. Todas negaban sentir miedo y
estaban unánimes en asegurar que de repente se habían encontrado sin conocimiento y un
momento más tarde se habían visto en su condición presente. Al contrario de sus
compañeros, estas personas no tenían ni el menor rasguño en sus cuerpos. Nuestra idea
preconcebida de que debía haber un miedo momentáneo en el caso de una llamada
excepcionalmente cercana que, aunque inconsciente, había causado su defunción, nos
impidió una investigación completa; pero los resultados indicados de las consecuencias de la
caída nos indujo a creer que algo por el estilo podía suceder en este caso también, y esta
suposición se confirmó luego exactamente.
Cuando un proyectil voluminoso pasa por el aire, forma un vacío detrás de él por la enorme
velocidad que lleva, y si alguna persona está en esta zona del vacío del paso del proyectil,
sufre en una medida que está determinada por su propia naturaleza y su proximidad al centro
de succión. Su situación es, en efecto; un caso opuesto al del hombre que cae, porque está
quieto, mientras un cuerpo en movimiento desplaza la presión de aire y permite que los éteres
se escapen. Si la cantidad de éter desplazada es relativamente pequeña y compuesta
solamente de los éteres tercero y cuarto, que dirigen la percepción sensorial y la memoria,
probablemente sufrirá tan sólo una pérdida momentánea de la memoria y una incapacidad de
moverse o de servirse de sus sentidos. Esta incapacidad desaparecerá cuando los éteres
extraídos se hayan otra vez fijado en el cuerpo denso; una situación mucho más difícil de
conseguir que cuando el cuerpo físico sucumbe y la reorganización tiene lugar sin referirse a
este vehículo.
Si las personas que sufren un accidente de esta naturaleza hubiesen conocido el modo de
practicar los ejercicios que separan los éteres superiores de los inferiores, habrían podido
hallarse fuera del cuerpo en plena conciencia, y quizá preparadas para su primer vuelo del
alma, si hubieran tenido el valor de emprenderlo. En todo caso se puede afirmar con
seguridad que a su regreso al cuerpo denso no hubieran sentido casi ninguna incomodidad, y
en el caso de haber sido el vacío bastante fuerte para extraer los cuatro éteres y causar la
muerte, probablemente no habría habido pérdida alguna de la conciencia, tal como domina a
las personas en general, porque se ha descubierto que las personas que decían que habían
perdido la conciencia sólo durante momento, se equivocaban. Se necesitó el transcurso de
uno hasta varios días, en los casos investigados por nosotros, para que el cuerpo vital
estuviese reorganizado y la conciencia restablecida.
Vamos a ver ahora lo que tienen que ver estos hechos recientemente descubiertos con la
venida de Cristo y nuestro encuentro con El. Mientras vivíamos en la antigua Atlántida, en
las cuencas de su suelo, la presión de la neblina cargada de humedad era muy grande. En su
consecuencia se endurecía el cuerpo denso, y otro de sus resultados fue el que las vibraciones
de los cuatro vehículos superiores que lo interpenetran quedaron considerablemente
retardadas. Esto fue especialmente cierto con el cuerpo vital, que se compone de éter, es
decir, un grado de materia perteneciente al mundo físico y sujeto a algunas leyes físicas. La
fuerza vital del Sol no penetraba la neblina densa en la misma abundancia como lo hace en la
clara atmósfera de ahora. Si añadimos a esto el hecho de que los cuerpos vitales de aquel
tiempo estaban casi enteramente compuestos de los dos éteres inferiores, que fomentan la
asimilación y la reproducción, comprenderemos que el progreso era entonces muy lento.
El hombre llevaba una existencia casi puramente vegetativa, y sus principales esfuerzos eran
la obtención de alimentos y la reproducción de su especie.
Si tal hombre hubiese sido trasplantado a nuestras condiciones atmosféricas, la falta de
presión exterior habría provocado una salida del cuerpo vital, lo que significa la muerte.
Gradualmente el cuerpo físico se hizo menos denso y el volumen de los dos éteres superiores
aumentó, de modo que el hombre se capacitó poco a poco para vivir en una atmósfera clara y
bajo una presión disminuida, tal como la que disfrutamos desde el Diluvio, cuando se
condensó la neblina. Desde aquella época hemos podido también asimilar más de la fuerza
vital del Sol. La mayor proporción de los dos éteres superiores que se encuentra ahora en
nuestros cuerpos vitales, nos capacita para expresar los más elevados atributos humanos que
son propios del desarrollo de esta época.
Las vibraciones del cuerpo vital bajo las presentes condiciones atmosféricas han capacitado
al espíritu para crear lo que llamamos la civilización, que consiste en progresos industriales y
artísticos, y en normas morales y espirituales. Hay que notar que los éxitos industriales y
morales están tan íntimamente relacionados y dependientes uno de otro, como las obras
artísticas dependen de un concepto espiritual. La industria tiene la misión de desarrollar la
parte moral de la naturaleza del hombre, y el arte la de dar nacimiento a la parte espiritual. De
este modo estamos ahora preparados para el próximo paso en nuestro desarrollo.
Es preciso recordar aquí que los requisitos necesarios para nuestra emancipación de las
condiciones prevalecientes en la Atlántida fueron en parte fisiológicos: teníamos que
desenvolver los pulmones para respirar el aire puro en el cual estamos sumergidos ahora y lo
cual permite al cuerpo vital vibrar con un ritmo más rápido que en la pesada humedad de la
Atlántida. Sabiendo todo esto comprenderemos fácilmente que el progreso futuro está en la
liberación completa del cuerpo vital de los cepos del cuerpo denso y en dejarle vibrar en un
aire absolutamente puro.
Esto es lo que sucedió en la sublime altitud exotéricamente conocida como el "Monte de la
Transfiguración". Hombres adelantados de varias épocas, tales como Moisés, Elías y Jesús (o
mejor dicho, el cuerpo de Jesús con el alma de Cristo) se aparecieron con la vestidura
luminosa del cuerpo del alma liberado, el que llevaremos todos en la Nueva Galilea, el Reino
de Cristo. "La carne y la sangre no pueden heredar el reino", porque esto estaría en oposición
con el progreso espiritual de aquel día; así, pues, cuando aparezca Cristo tendremos que estar
preparados con un cuerpo del alma, y por consiguiente debemos estar en condiciones de
abandonar nuestro cuerpo denso, para que sea posible que "podamos elevarnos y salir a Su
encuentro en el aire"
Los resultados de la investigación que forman la base del presente artículo pueden
facilitarnos una idea del método de transición, cuando se compara con la información dada
por la Biblia. Se dice que el Señor aparecerá con un poderoso sonido como la voz de un
Arcángel. Leemos de trompetas y truenos en relación con este acontecimiento. Un sonido es
una perturbación atmosférica, y puesto que el paso de un proyectil hecho por el hombre
puede arrastrar los cuerpos vitales de los soldados de sus cuerpos densos, no es preciso
ningún argumento para probar que el grito de una voz súper-humana podrá producir
resultados semejantes de un modo aún más eficaz y "en un abrir y cerrar de ojos".
"¿Cuándo acontecerán estas cosas?", preguntaron los discípulos. Se les dijo que lo sucedido
en los días de Noé (cuando la Época Aria estaba a punto de iniciarse) sucedería del mismo
modo en el Día de Cristo. Comían y bebían, se casaban y se daban en matrimonio. Pero
algunos que acaso no se diferenciaban de los demás, habían desarrollado los tan importantes
pulmones, de modo que cuando la atmósfera quedó limpia, ellos pudieron respirar aire puro,
mientras que los otros, que no tenían más que agallas, perecieron. El Día de Cristo cuando Su
voz articulará la Llamada, habrá algunos con un cuerpo del alma debidamente organizado, y
capaces de subir por encima de los desechados cuerpos densos, mientras que otros serán
como los soldados que encuentran la muerte por un "estallido de granada" en los campos de
batalla actuales.
Ojalá podamos todos estar preparados para aquel día por haber seguido Sus pasos.

del libro "Enseñanzas de un Iniciado", de Max Heindel

*


EL SIGNO DEL MAESTRO

CAPITULO II

EL SIGNO DEL MAESTRO

Actualmente hay muchos, que juzgando por los signos de los tiempos, creen que Cristo está a
punto de venir y están esperándole llenos de gozo. Según la opinión del autor, no obstante,
las "cosas que primeramente han de suceder" no han sucedido aún en lo que se refiere a
muchas particularidades importantes, y además no debemos olvidar que El dijo que: "Lo
mismo que sucedió en tiempos de Noé, también sucederá el día del Hijo del Hombre".
Entonces comían, bebían y Vivían alegremente; se casaban y se daban en matrimonio hasta el
momento mismo del diluvio que les tragó. Solamente se salvó un pequeño número. Por
consiguiente, nosotros que anhelamos Su venida haremos bien el hacer de modo que no se
cumpla nuestra fervorosa demanda antes de que estemos preparados, porque El dijo: "El día
del Señor vendrá como un ladrón en la noche".
Pero hay también otro peligro, un gran peligro que Cristo puntualizó diciendo: "Habrá Cristos
falsos", y "engañarán basta los propios elegidos si esto fuese posible". De modo que estamos
ya prevenidos para que, cuando la gente diga: "Cristo está aquí en la ciudad o allá en el
desierto", no hagamos caso alguno y no vayamos a buscarle, o de lo contrario quedaremos
burlados.
Pero, por otra parte, si no investigamos, ¿cómo lo podremos saber? ¿Es que no cabe el riesgo
de que rechacemos a Cristo si nos negamos a hacer caso a cualquier pretendiente, y si
juzgamos a cada uno según sus méritos? Al examinar los preceptos de la Biblia respecto a
este particular, éstos parecen extraños y no en consonancia con los fines cuyo alcance
deberían facilitarnos, y la gran cuestión: "¿Cómo conoceremos a Cristo en Su venida?" sigue
sin solución. Hemos publicado un folleto sobre este asunto, pero nos parece que una
iluminación adicional será bien recibida por todos.
Cristo dijo que algunos de los Cristos falsos operarían signos y milagros. El siempre se negó
a probar Su divinidad de tal manera sórdida cuando los escribas y fariseos se lo pidieron,
porque sabía que los fenómenos solamente excitan el sentido de lo maravilloso y agudizan el
apetito para más. Aquellos que son testigos de semejantes manifestaciones son alguna vez
sinceros en su esfuerzo de convencer a otros, pero en general estos últimos parecen decirles:
"Usted dice que le ha visto hacer tal o cual cosa y por esto usted cree. ¡Perfectamente! Estoy
también dispuesto a dejarme convencer. Que él me lo haga ver a mi también".
Pero aun suponiendo que un Maestro estuviese dispuesto a probar su identidad, ¿quién entre
la gran masa está calificado para juzgar la validez de la prueba? Nadie. ¿Quién conoce el
signo del Maestro cuando lo ve? Ninguno. El signo del Maestro no es un fenómeno que
puede ser repudiado por los sofistas; no es tampoco algo que el Maestro pueda enseñar o
ocultar a su antojo, ni que pueda recoger o apartar cuando guste. El tiene que llevarlo consigo
forzosa y continuamente, lo mismo como nosotros llevamos brazos y piernas. Sería tan
imposible ocultar el signo del Maestro a los calificados para verlo, conocerlo y juzgarlo,
como lo seria para nosotros ocultar nuestros miembros a los que tienen vista física. Por otro
lado, como el signo del Maestro es espiritual, ha de ser percibido espiritualmente, y por
consiguiente, es tan imposible enseñar el signo del Maestro a aquellos que carecen de vista
espiritual, como lo es el enseñar una figura física a una persona físicamente ciega.
Por esta razón leemos: "Una generación mala y adulterina se esforzará en la búsqueda de una
señal, mas tal señal no le será dada". Y luego, un poco más adelante, en el mismo capítulo
(San Mateo, 16) vemos a Cristo que pregunta a Sus discípulos: "¿Quién dicen los hombres
que soy Yo, el Hijo del Hombre?" La contestación nos descubre que aunque los judíos veían
en El una persona superior, Moisés, Elías o alguno de los profetas, los discípulos eran
incapaces de reconocer Su verdadero carácter. Ellos no podían ver el signo del Maestro,
porque de otro modo no hubiesen necesitado ningún otro testimonio.
Cristo entonces se volvió hacia sus discípulos y les preguntó: "Y vosotros, ¿quién decís que
soy Yo?" Y de Pedro le vino la respuesta, llena de convicción y rápida que dio en el blanco:
"Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo". Este había visto el signo del Maestro, y sabía de lo
que hablaba, independientemente de fenómenos y circunstancias exteriores, como fue
subrayado por Cristo cuando dijo: "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te
lo reveló carne ni sangre, mas mi Padre que está en los cielos." En otras palabras, la
percepción de esta gran verdad dependía de una calificación interior.
Lo que era y es esta calificación se desprende de estas palabras de Cristo: "Mas yo también te
digo que tú eres Pedro (Petros, una roca), y sobre esta piedra (Petra) edificaré mi Iglesia."
Cristo dijo respecto a la multitud de judíos materialistas: "Una generación mala y adulterina
demanda señal, mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás el profeta." Y ha habido
mucha discusión referente a este tópico entre los cristianos igualmente materialistas de los
últimos tiempos. Algunos dicen que una vulgar ballena tragó al profeta y luego le echó sobre
la playa. Entre las distintas Iglesias ha habido división de opiniones sobre este punto. Pero
cuando consultamos los registros ocultos encontramos una interpretación que satisface al
corazón sin violentar la mente.
Esta gran alegoría, como tantos otros mitos, está escrita en la película del firmamento, porque
primero se puso en escena en el cielo antes de serlo en la tierra y todavía vemos en el cielo
estrellado "Jonás, la paloma" y "Cetus, la ballena". Pero no vamos a ocuparnos tanto de la
fase celestial como de su aplicación terrestre.
"Jonás", quiere decir paloma, símbolo reconocido perfectamente como el del Espíritu Santo.
Durante los tres "días", comprendiendo las revoluciones de Saturno, del Sol y de la Luna del
Período de la Tierra, y las "noches" intermedias, el Espíritu Santo con todas las Jerarquías
Creadoras obraba en la Gran Profundidad, perfeccionando las partes internas de la tierra y de
los hombres, y separando el peso muerto de la Luna. Entonces la Tierra salió de su estado
acuoso de desarrollo en la época central de la Atlántida, y así "Jonás", el Espíritu de la
Paloma", llevó a cabo la salvación de la mayor parte de la humanidad.
Ni la tierra ni sus habitantes eran capaces de mantener su equilibrio en el espacio, y por esta
razón el Cristo Cósmico empezó a trabajar con y sobre nosotros, y en el momento del
bautismo descendió finalmente como una paloma (no en forma de una paloma, sino como tal
paloma) sobre el hombre Jesús. Y lo mismo como Jonás, la paloma del Espíritu Santo, estuvo
tres Días y tres Noches en el Gran Pez (la Tierra sumergida en agua), así, pues, al final de
nuestro involucionario peregrinaje, la otra paloma, el Cristo, tiene que entrar en el corazón de
la Tierra durante los revolucionarios tres Días y Noches venideros, para darnos el impulso
que necesitamos en nuestra jornada evolutiva. Tiene que ayudarnos a eterizar la Tierra como
preparación para el Período de Júpiter.
De este modo, en el momento de su bautismo, Jesús se convirtió en "un Hijo de la Paloma" y
fue reconocido por otro "Simón Bar-Jonás", (Simón, hijo de la Paloma). Al hacer este
reconocimiento por el signo de la paloma, el Maestro llamó al otro "una roca", una Piedra
fundamental y le prometió las "Llaves del Cielo". Estas no son palabras huecas ni promesas
vagas, sino que en ellas hay envueltas distintas fases de desarrollo del alma a las que cada
uno tiene que someterse si no ha pasado aún por ellas.
¿Qué es entonces el "signo de Jonás" que el Cristo llevó siempre consigo, visible para todos
los que podían verlo más que "la casa del cielo", con la cual San Pablo deseaba ser vestido: la
casa del tesoro glorioso en la cual todos los actos nobles de muchas vidas brillan y lucen
como perlas preciosas? Todos tenemos una pequeña "casa del cielo". Jesús, santo y puro,
mucho más que los demás, era probablemente de un aspecto de gran esplendor, pero ¡cuan
indescriptiblemente más luminoso debe ser el vehículo del esplendor en el cual descendió el
Cristo! Considerando esto, nos podremos hacer una idea de la "ceguera" de aquellos que
pedían "una señal". Hasta entre Sus mismos discípulos El hallaba la misma catarata
espiritual.
"Enséñanos al Padre", dijo Felipe, olvidándose de la mística Trinidad en la Unidad que
hubiera debido ser obvia para él. Simón, sin embargo fue rápido para percibirle, porque, por
medio de la alquimia espiritual había preparado esta petros o "piedra" filosofal que le daba
derecho para poseer las "llaves del Reino"; una iniciación que permite al candidato el empleo
de los poderes latentes evolucionados por el servicio.
Así, pues, vemos que estas "piedras" para el “templo construido sin manos”, sufren una
evolución o proceso de preparación. En primer lugar tenemos la "petros", el diamante en
bruto, por así decirlo, tal como se encuentra en la naturaleza. Cuando se leen con el corazón
tales versículos, como la primera Epístola a los Corintios, 10, 4: "Y todos bebieron de la
misma bebida espiritual, porque bebieron de aquella roca espiritual (Petros) que les seguía, y
esta Roca era Cristo", arrojan mucha luz sobre el asunto. Gradualmente, muy lentamente,
hemos sido impregnados con el agua de la vida que brotó de la Gran Roca. También hemos
sido pulimentados como "lithoi zontes" ("piedras vivientes") destinadas a ser unidas con
aquella Piedra Grande que el Arquitecto hubo desdeñado; y cuando hayamos obrado
debidamente hasta el final, recibiremos en el Reino la diadema más preciosa de todas, él
"psiphon leuken" (la piedra blanca) con su Nombre Nuevo.
Hay tres pasos en la evolución de la "Piedra del Sabio": Petros, la roca firme y dura; Lithon,
la piedra pulida por el servicio y preparada para que se pueda escribir en ella; y psiphon
leuken, la blanda piedra blanca que atrae hacia ella a todos los que son débiles y llevan una
carga muy pesada. Hay muchas cosas ocultas en la naturaleza y composición de la piedra de
cada uno de estos pasos que no pueden ser escritas; es preciso saber leer entre líneas.
Si esperamos edificar el Templo Viviente con Cristo en el Reino, haremos bien en
prepararnos para tener cabida en él, y entonces conoceremos al Maestro y también el Signo
del Maestro.

del libro Enseñanzas de un Iniciado", de Max Heindel

*

¿QUE COSA ES UN TRABAJO ESPIRITUAL?

CAPITULO III


¿QUE COSA ES UN TRABAJO ESPIRITUAL?

Respecto a este tema vamos a dar algunos extractos del hermoso poema de Longfellow
llamado "La bellísima leyenda":
"Solo en su aposento, arrodillado en las losas, el monje, muy contrito, estaba rezando,
acusándose de sus pecados de indecisión, y pidiendo fuerzas para un mayor altruismo y para
poder resistir las pruebas y tentaciones; era la hora del medio día y el monje estaba solitario.
De repente, como un relámpago, un esplendor inusitado brilló dentro y fuera de él llenando
de gloria su estrecha celda de piedra. Y vio la Bendita Visión de Nuestro Señor, rodeado de
luz celestial que le envolvía como si fuera una vestidura y como un vasto manto que le
rodease."
Este; sin embargo, no era el Salvador doliente, sino el Cristo dando de comer a los
hambrientos y curando a los enfermos.
"En actitud implorante y con las manos cruzadas sobre el pecho, maravillado, admirado y en
adoración, estaba el monje arrodillado y en profundo éxtasis.
"Y durante esta exaltación oyó de repente la llamada de la campana del convento, que sonaba
con tal vehemencia y estridencia del patio al corredor, como nunca lo había oído antes."
La campana sonaba llamándole para cumplir con su deber de dar de comer a los pobres,
como Cristo lo había hecho, porque él era el limosnero de la comunidad.
"Entonces su adoración se llenó de tristeza y vacilación, no sabiendo si debía marcharse o
quedarse. ¿Dejaría a los pobres hambrientos que le esperasen a la puerta del convento hasta
que la Visión hubiese pasado? ¿Debería abandonar a su visitante celeste para acudir a unos
harapientos mendigos que en salvaje tropel le esperaban en el portal? ¿Es que la Visión
permanecería allí, o volvería después? Entonces una voz en su pecho susurró, muy
claramente perceptible, como si entrase por los oídos: "Haz tu deber que es lo mejor, y deja lo
demás en manos del Señor."
"En el acto se levantó, y con suplicante mirada se inclinó ante la Bendita Visión, y despacito
salió de su celda para cumplir con su santa misión.
"En el portal estaban los pobres esperando, con aquel terror en la mirada que sólo se nota en
los que, estando en la miseria, ven que se les cierran todas las puertas y que nadie hace caso
de ellos, pero que se hacen familiares tanto con la desgracia como con el sabor del pan que
los hombres les dan. Pero hoy, sin saber por qué, les pareció que las puertas del convento se
abrían como si fueran las del paraíso, y el pan y el vino les pareció un divino sacramento. El
monje, interiormente, estaba rezando y pensando en los sufrimientos de los pobres sin hogar
que sufren y aguantan lo que vemos y lo que no vemos, y la voz interna le decía: "¡Aquello
que hayas hecho al más pobre y miserable de los míos, es como si me lo hubieras hecho a
mi!""¡A mi", pero ¿si la Visión se le hubiese presentado en forma de un mendigo harapiento,
la habría recibido de rodillas y en adoración, o acaso se habría separado de ella mofándose?
"De este modo su conciencia le interrogaba con sutiles sugestiones, cuando él con paso
rápido volvía hacia su celda; y viendo que todo el convento estaba lleno de una luz
sobrenatural, como si una nube luminosa se extendiese por los techos y los suelos.
"Y en el umbral de su puerta se quedó inmóvil de espanto, viendo que la Visión aún estaba
allí, tal como él la había dejado cuando la campana del convento le llamó para dar de comer a
los pobres. Durante toda su ausencia le había estado esperando, él sintió arder su corazón,
comprendiendo todo su significado, cuando la Bendita Visión le dijo de este modo: "¡Si tú te
hubieses quedado, yo me hubiera ido!"
Permítame el lector que relate un cuento: Hace siglos y siglos -tantos que en efecto parece
que fue ayer- la tierra estaba envuelta en completa oscuridad y los hombres anhelaban la luz.
Hubo algunos que la habían encontrado, y que trataron de enseñar a los otros el reflejo de
ella, y estos hombres fueron asiduamente buscados por todos. Entre ellos hubo uno que había
estado en la ciudad de la luz durante una pequeña temporada y había absorbido allí algo de su
brillo. Todos los habitantes del país de la oscuridad se fueron enseguida en su búsqueda.
Viajaron miles de leguas porque habían oído hablar de esta luz, y cuando aquel privilegiado
supo que un grupo numeroso se dirigía hacia su casa, se puso a trabajar para prepararles un
digno recibimiento. Instaló postes alrededor de su casa y puso en ellos luces para que sus
visitantes no se hicieran ningún daño en la oscuridad.
Tanto él como los de su casa les recibieron con los brazos abiertos y él les enseñó lo mejor
que sabía.
Pero pronto algunos de sus visitantes empezaron a murmurar. Ellos habían creído encontrarle
sentado en un pedestal radiante de luz celestial, y en su fantasía se habían visto adorándole en
su trono, pero en vez de la luz espiritual que ellos habían esperado hallar le habían hallado en
el preciso instante de encender las luces eléctricas para alumbrar la casa. Él no llevaba
siquiera un turbante o un manto, porque la orden a la cual él pertenecía tenía como una de sus
reglas fundamentales la de que sus miembros debían vestir los trajes del; país en el cual
vivían.
Así los visitantes llegaron a la conclusión de que se les había engañado y que este hombre no
tenía ninguna luz que darles. Entonces cogieron piedras y le apedrearon a él y a su casa, y le
habrian matado si no hubiesen temido la ley que en aquel país exigía ojo por ojo y diente por
diente. Después volvieron al país de la obscuridad y si alguna vez veían algún alma que se
dirigía hacia la luz, se llevaban las manos a la cabeza horrorizados y decían: "No vayas allí,
porque aquello no es la luz verdadera, sino un engaño para incautos. Sabemos que allí no hay
ninguna espiritualidad". Muchos les creyeron, y así sucedió, en tal caso, así como muchas
veces antes, el dicho que está escrito en uno de los libros antiguos: "Esto es la condenación,
aquella luz ha venido al mundo, pero los hombres prefieren la oscuridad a la luz".
Tal como fue en aquellos remotos tiempos de ayer, tal sucede hoy en día. Los hombres corren
en todas las direcciones de aquí para allá en busca de la luz. Muchas veces al igual del
Caballero Laufal, viajan hasta los confines de la Tierra, perdiendo el tiempo de toda su vida,
en la búsqueda de lo que ellos llaman "Espiritualidad", pero hallando nada más que
desengaños tras desengaños. Pero lo mismo que el Caballero Laufal, habiendo pasado toda
su vida buscando fuera de su hogar, encontró finalmente al Santo Grial en el mismo portal de
su castillo, así todos los que buscan honradamente la espiritualidad, tienen que encontrarla y
la encontrarán seguramente en su propio corazón. El único peligro es que él, como los
mencionados investigadores pueden perderla por no querer reconocerla. Nadie puede
reconocer la verdadera espiritualidad en los demás si no la tiene de cierto modo evolucionada
en su propio ser.
Por esta razón puede ser conveniente intentar aclarar definitivamente: "¿Qué es
Espiritualidad?" y facilitar una guía que nos conduzca hacia este gran atributo de Cristo. Para
lograrlo tenemos que prescindir de nuestras ideas preconcebidas, dejarlas a un lado si no
queremos exponernos a un fracaso. La idea generalmente formada es la que la espiritualidad
se manifiesta por medio de la oración y de la meditación; pero si miramos la vida de nuestro
Salvador, veremos que no fue la de un perezoso. Jesucristo no estuvo enclaustrado, no se
apartó ni se ocultó del mundo. Al contrario, se mezcló con las gentes y les ayudó en sus
necesidades diarias; les dio de comer cuando fue necesario; curó sus males cuando se le
presentó una oportunidad y también les dio enseñanzas. De este modo El era, en el verdadero
sentido de la palabra, un Servidor de la Humanidad.
El monje de "La Bellísima Leyenda" le vio de este modo cuando estaba sumergido en la
oración y en un rapto de éxtasis espiritual. Pero en este preciso momento sonaron las doce, y
era su deber el ir a imitar a Cristo, dando de comer a los pobres que le esperaban en el portal
del convento. Grande fue, en efecto, para él la tentación de quedarse en su celda, de bañarse
en las vibraciones celestes, pero entonces le dijo la vocecita: "Haz tu deber que es lo mejor, y
deja el resto en manos del Señor". ¿Cómo hubiera podido adorar al Señor, al cual vio dando
de comer a los pobres y curando a los enfermos, al mismo tiempo que abandonaba a los
pobres hambrientos que estaban esperándole a él en el portal del convento para que
cumpliese con ellos su deber? Hubiera sido positivamente una maldad el que se hubiese
quedado allí, Y por esta razón la Visión le dijo a su regreso: "Si tú hubieses permanecido
aquí, yo me hubiera marchado".
Semejante egoísmo hubiera sido absolutamente contrario al fin que él perseguía. Si no
hubiera sido fiel en cosas pequeñas referentes a obligaciones terrestres, ¿cómo se podría
suponer que seria fiel en la gran obra espiritual? Naturalmente, a menos de ser capaz de salir
victorioso de la prueba, no se le hubieran dado mayores poderes.
Hay muchas personas que buscan poderes espirituales, yendo de un, así llamado, Centro
oculto a otro, entrando en monasterios y otros lugares de reclusión y esperando que por el
hecho de huir del ruido mundanal cultivaran su naturaleza espiritual. Ellos se absorben en el
sol de la oración y de la meditación desde la mañana hasta la noche, mientras el mundo
alrededor de ellos está agonizando de dolor. Y entonces estas personas se extrañan de que no
progresen y de que no adelanten en el sendero de la aspiración.
Indudablemente la verdadera oración y meditación son necesarias y absolutamente esenciales
para el crecimiento del alma. Pero estamos condenados al fracaso si para el crecimiento del
alma dependemos de oraciones que no son más que palabras.
Al fin de obtener resultados, debemos vivir de tal modo que toda nuestra vida se convierta en
una oración, en una aspiración. como dice Emerson:
"Aunque tus rodillas no se doblen nunca, al cielo van a parar tus oraciones diarias, y ya sean
dictadas para bien o para mal, son tenidas en cuenta y contestadas."
No son las palabras que pronunciamos en momentos de oración las que cuentan, sino la vida
que nos lleva a la oración.
¿De qué sirve rogar por la paz en la tierra el domingo si durante toda la semana nos
dedicamos a fabricar balas?
¿Cómo podemos pedir a Dios que nos perdone nuestras faltas como nosotros perdonamos las
cometidas contra nosotros, si llevamos odio en el corazón?
No hay más que un camino para demostrar nuestra fe, y éste es el de nuestras obras. No
importa en qué departamento de la vida estemos colocados, ya estemos arriba o abajo, o ya
seamos ricos o pobres; es lo mismo que estemos ocupados en la colocación de lámparas
eléctricas para preservar a los demás de una caída, o que tengamos el privilegio de ser
oradores y podamos sembrar la luz espiritual e indicar a otros el camino del alma.
Es absolutamente indistinto que nuestras manos estén callosas y ásperas por una labor ruda,
quizá la de cavar un canal para mantener la limpieza en una población, o que estén tan suaves
y tan blancas como se requiere para atender a un enfermo.
El factor determinante que decide si una clase de trabajo es espiritual o material es nuestra
actitud en él asunto.
El hombre que coloca bombillas eléctricas puede, ser muchísimo más espiritual que el que
está pronunciando un discurso, porque, desgraciadamente, hay muchos que se dedican a este
sagrado deber con el deseo de halagar los oídos de sus oyentes con hermosas palabras en vez
de darles amor y simpatía.
Es un trabajo mucho más noble el de limpiar una cloaca, como lo hacía el hermano
desdeñado en la obra de Kennedy "El sirviente en la Casa", que el vivir falsamente con la
dignidad de un profesor, que implica una espiritualidad que realmente no existe.
Todos los que tratan de cultivar esta rara cualidad que se llama espiritualidad, tienen que
empezar siempre por hacer todo por la gloria del Señor; porque cuando hacemos todas las
cosas como para el Señor, no importa qué clase de trabajo hagamos; cavar la tierra, hacer
una invención, predicar el evangelio o cualquier otra cosa, es trabajo espiritual desde el
momento que lo hacemos por el amor de Dios y de los hombres.

del libro "Enseñanzas de un Iniciado", de Max Heindel

*

EL CAMINO DE LA SABIDURÍA

CAPITULO IV


EL CAMINO DE LA SABIDURÍA

Hace ya varios años que la enseñanza de los Hermanos Mayores fue publicada por primera
vez en el Concepto Rosacruz del Cosmos, y desde entonces nuestra literatura ha ido
aumentando. Ahora parece llegado el momento de examinar nuestra obra para ver lo que
hemos hecho con el tesoro que nos fue confiado.
En primer lugar conviene que nos demos cuenta de que la razón por la cual estamos en la
Fraternidad Rosacruz, es porque en un momento dado estuvimos descontentos de las
explicaciones que se nos habían dado en otros sitios sobre el problema de la vida. Todos
hemos buscado luz para descifrar el gran enigma, y algunos entre nosotros, como el hombre
del que habla la Biblia, vimos una perla de gran valor, y nos fuimos a vender todo lo que
teníamos y comprarnos la perla, la que simboliza el conocimiento del Reino del Cielo. En
otras palabras, algunos de nosotros hemos estado tan ansiosos buscando la luz y tan
sumamente satisfechos cuando la hallamos por fin, que hemos dedicado toda nuestra vida,
pensamiento y energía a este trabajo. La mayoría no puede disfrutar de este privilegio por las
obligaciones contraídas previamente, pero todos los que hemos recibido ayuda, debemos, por
la ley de compensación, devolver algo de lo recibido, porque el intercambio es la vida, y el
estancamiento es la muerte.
Sabemos que no podemos continuar hartándonos de alimentos y retener lo que hemos comido
y que a menos que la eliminación mantenga el equilibrio, la muerte se presentará muy pronto.
Tampoco podemos impunemente hartarnos de alimentación mental; tenemos que partir
nuestro tesoro con otros y emplear nuestros conocimientos en alguna obra útil para los
demás, o de otro modo correremos el riesgo del estancamiento en el pantano cenagoso de la
especulación metafísica.
Durante los años que han pasado después de la publicación del Concepto Rosacruz del
Cosmos, los estudiantes han tenido el tiempo suficiente para familiarizarse con sus
enseñanzas. Ya no podemos excusarnos diciendo que no conocemos la filosofía rosacruz,
porque no hemos tenido tiempo para estudiarla y que por esta razón no podemos explicarla a
otras personas. Aun aquellos que han tenido poquísimo tiempo por los deberes inherentes a
sus cargos en este mundo, deben estar ahora bastante bien preparados para "dar una prueba de
su fe, como San Pablo nos exhortó a todos a hacer. Aunque no podamos enseñar la luz a
todos los que nos la pidan es un deber para con nosotros, para con los Hermanos Mayores y
para con la humanidad, el de hacer una tentativa.
El desarrollo de nuestra propia alma depende de la parte que tomemos en el fomento del
movimiento al cual nos hemos unido, y por este motivo es conveniente que nos demos
perfecta cuenta de cuál es la misión de La Fraternidad Rosacruz.
Esto está perfecta y claramente explicado en la introducción del "Concepto Rosacruz del Cosmos".
En pocas palabras, esta misión consiste en dar una explicación del problema de la vida
que pueda satisfacer tanto a la mente como al corazón, y de este modo resolver las perplejidades
de las dos clases de personas que ahora se mueven en las tinieblas por falta de esta
ciencia unificadora, y que en líneas generales se pueden denominar para la discusión de
nuestro punto de vista, como personas creyentes y personas científicas. Entre las primeras
podemos incluir todas aquellas personas que se dejan guiar por una sincera devoción o por
una bondad natural, pertenezcan o no a alguna Iglesia. En la segunda clase se deben incluir
todas las que miran a la vida desde un punto de vista puramente intelectual o mental, sin
pararnos a distinguir si están clasificadas como científicas o no.
Es fin y propósito del "Concepto Rosacruz del Cosmos" de ampliar el horizonte espiritual de
un número rápidamente creciente de estas dos clases de personas, que se dan más o menos
perfecta cuenta de que hay algo de importancia vital, que les falta en su modo actual de mirar
la vida.
Sabemos que cuando David deseaba construir un templo para el Señor, se le negó este
privilegio porque había sido un guerrero. Hoy en día existen organizaciones que están
constantemente combatiendo las unas contra las otras, siempre viendo las faltas de los demás,
hallándose, por lo tanto, en guerra perpetua, lo mismo como David antiguamente. Con
semejante disposición mental no es posible permitir a nadie edificar aquel templo que se
construye con piedras vivientes de hombres y mujeres; aquel templo que Mansón, en "El
sirviente de la Casa" describe en términos tan bellísimos. Por esta razón, cuando tratemos de
difundir las verdades de las enseñanzas Rosacruz, debemos siempre tener presente que no
podemos desacreditar impunemente la religión de nadie ni llevarle la contraria, y que no es
nuestra misión combatir el error de los demás, porque quedará manifiesto a su debido tiempo.
El lector recordará que cuando David había muerto y Salomón reinaba en su lugar, este vio al
Señor durante el sueño y le pidió la sabiduría. Se le dejó en libertad de escoger lo que más le
gustase y él pidió sabiduría para guiar a su pueblo. Y he aquí la contestación que recibió:
"Puesto que tu corazón te impulsó a pedir sabiduría, y que no has pedido larga vida ni
victoria sobre tus enemigos ni nada semejante, sino tan sólo sabiduría, la vas a tener, y mucho
más todavía". Por esta razón nosotros también deberíamos en nuestras oraciones pedir
sabiduría, y para que podamos reconocerla vamos a examinar ahora en qué consiste la
verdadera sabiduría.
Se dice, y con mucha razón, que el conocimiento es un poder. El saber, aunque de por sí no es
bueno ni malo, puede ser empleado para el bien o para el mal. El genio no es más que la
disposición para la sabiduría, y puede también ser bueno o malo. Se habla de un genio
militar, de uno que conoce a la perfección la táctica de la guerra, pero un hombre semejante
no puede ser ciertamente bueno, porque forzosamente ha de ser duro de corazón y destructor
en la expresión de su genio.
Un guerrero, ya sea un Napoleón o un simple soldado, no podrá nunca ser sabio, porque tiene
que destrozar deliberadamente todos los sentimientos más delicados, de los cuales tomamos
como símbolo al corazón. Por otro lado, un gobernante sabio es de buen corazón y de
profunda inteligencia y así que lo uno equilibra lo otro para promover los intereses de su
pueblo. Aun el más profundo saber en cuestiones de religión o de ocultismo no es sabiduría,
como nos lo enseña San Pablo en aquel hermosísimo capitulo trece de la primera epístola a
los corintios donde dice: "Aunque yo tuviese todo el saber para poder penetrar todos los
misterios, y no tuviera amor, yo no sería nada. Sólo cuando el saber se une al amor, los dos
producen la sabiduría verdadera, es decir, la expresión del principio de Cristo, la segunda
fase de la Divinidad. Respecto a este punto conviene emplear gran prudencia y discreción.
Nosotros podremos saber distinguir entre lo que es oportuno para el logro de cierta finalidad
y lo que lo impide, y podemos optar a favor de males presentes para lograr ventajas
venideras, pero aún en esto no obramos necesariamente como sabios y juiciosos.
Conocimientos, prudencia, discreción y sentido común son todos hijos de la mente; de por sí
no son mas que lazos tendidos por el mal del cual Cristo en el Padrenuestro nos enseñó a
rogar para que se nos librara de ellos. Solamente cuando estas facultades nacidas de la mente
están templadas por la facultad del amor, nacida del corazón, el producto mezclado de ambas
se transforma en sabiduría. Si leemos el capitulo trece de la primera epístola a los corintios y
substituimos la palabra sabiduría por las de caridad o amor, entonces comprenderemos lo
que es esta gran facultad que deberíamos todos desear con tanto ardor.
La misión de la Fraternidad Rosacruz es en efecto, la de promulgar una doctrina combinada
de la cabeza y del corazón, la que constituye la única y verdadera sabiduría, porque ninguna
enseñanza en la cual falte uno de estos dos extremos puede ser realmente llamada sabía, del
mismo modo como no podemos tampoco hacer sonar un acorde en una sola cuerda. En vista
de que la naturaleza del hombre es compleja, la enseñanza que ha de ayudarle para purificar y
elevar esta naturaleza debe ser también múltiple en su aspecto. Cristo siguió este mismo
principio cuando nos dio aquella hermosa oración dominical, la cual, en sus siete estrofas
toca la nota-clave de los siete vehículos humanos y los une todos en este acorde sublime de
perfección que llamamos el Padrenuestro.
Pero ¿cómo podremos enseñar al mundo esta maravillosa doctrina recibida de los Hermanos
Mayores? La contestación a esta pregunta es ahora y será siempre ésta: "viviendo la vida".
Se ha dicho en elogio eterno de Mahoma que su esposa se convirtió en su primer discípulo, y
es cierto que no fue sólo su enseñanza, sino la vida que llevaba en su casa, día tras día, año
tras año, por lo cual se ganó la confianza de su compañera hasta tal extremo que se dispuso a
deponer en manos de su esposo su destino espiritual. Es relativamente fácil hallarse en
presencia de personas extrañas que no conocen nuestra vida e ignoran nuestros defectos y
predicarlas durante una hora o dos cada semana, pero es totalmente distinto predicar las
veinticuatro horas del día en su propia casa como Mahoma debió hacerlo viviendo la buena
vida. Si queremos tener con nuestra propaganda el éxito que él obtuvo, debemos, cada uno de
nosotros, empezar en nuestra propia casa, comenzar por demostrar a aquellos con los cuales
vivimos juntos, que las enseñanzas que nos sirven de guía son verdaderamente enseñanzas de
sabiduría. Se dice que "la caridad empieza por uno mismo". Esta palabra hubiera debido
traducirse por "amor" en el capítulo trece de la primera epístola a los corintios. Cambiemos
ahora esta palabra por la de sabiduría y digamos por consecuencia: la propaganda de la
sabiduría empieza por casa. Así, pues, hagamos que nuestro lema para siempre sea:
"Viviendo la vida en nuestra casa haremos mucho más por nuestra causa que de cualquier
otro modo". Muchas familias escépticas han sido convertidas a las doctrinas nuestras por
esposos o esposas. Esperamos que otras sigan el buen ejemplo.

del libro "Enseñanzas de un Iniciado", de Max Heindel